Sin sal no existiría la vida

Todos vosotros habréis escuchado decir en muchas ocasiones que el exceso de sal es perjudicial para nuestra salud, y que juega un papel importante en las enfermedades cardiovasculares. ¿Pero es cierto?

Si bien es cierto que la sal refinada causa muchos problemas de salud (nuestro cuerpo no está preparado para consumir sal refinada, sino sal sin refinar, que es como se haya presente en la naturaleza), sin una suficiente ingesta de sal (de la de verdad, sin refinar) nuestro cuerpo no puede funcionar correctamente y con salud.

Aunque trataré en profundidad todo ello durante este post, me gustaría empezar este artículo hablando sobre nuestra relación con la sal en la Historia.

Sal en la antigüedad

La primera duda razonable sobre si la sal es mala, la encontraríamos profundizando en el significado etimológico de la palabra salario.

“Salario” proviene de la palabra latina “salarium”, cuyo significado es “pago de sal” o “pago por sal”. Veamos varios ejemplos en la Historia:

En el libro hebreo de Ezra (550-450 a.C.), la sal que recibías de una persona era sinónimo de recibir sustento, recibir una paga o estar al servicio de esa persona. En aquellos momentos, la producción de sal estaba estrictamente controlada por la monarquía y las élites. Los sirvientes del rey Artajerjes I de Persia, explicaban su lealtad diciendo que se debía a que “se les proporcionaba sal con la sal del palacio”.

En China, la sal fue siempre una impulsora del desarrollo de tecnología, y una fuente estable de ingresos del gobierno imperial, que era el único que por ley podía producirla. Esto ocurría en la mayoría de las culturas primitivas, donde el gobierno era el único que estaba a cargo de la producción de sal, y eso le confería mucho poder, ya que era una forma de controlar a la población.

Aún en la actualidad, las caravanas de camellos siguen recorriendo durante 14 días la distancia que les separa entre Timbuktú y las minas de sal.

En el antiguo Imperio Romano, muchas veces se realizaba el pago a sus soldados en sal (una semana de cada mes), la cual valía su precio en oro, ya que, además de para consumo humano, se utilizaba para conservar la carne (poniéndola en salazón) y como antiséptico.

En Grecia, el intercambio de sal por esclavos dio origen a la expresión “no vale su sal”.

Desde la Edad Media, enormes caravanas de camellos se dirigían a las minas de sal de Taudenni, a 800 km al norte de la ciudad de Timbuktú, en el desierto del Sahara. La sal, el oro del desierto, tenía una demanda muy alta desde el siglo XII (cuando se descubrió en el desierto por primera vez), para satisfacer una necesidad humana y como fuente de comercio. Su descubrimiento dio lugar a un comercio floreciente, en el que se creó la ruta mítica que conectaba Timbuktú con Europa, el sur de África y Persia. Este comercio revolucionó el transporte a lo largo del desierto, y propició un desarrollo económico y cultural sin precedentes. Muchos sabios de la época recorrían distancias enormes (venían incluso desde Persia), para estudiar y enseñar en el oasis de Timbuktú.

La sal y las grandes ciudades

La sal ha tenido un rol prominente en la creación y localización de algunas de las ciudades más importantes del mundo:

  • Liverpool floreció gracias a ser el primer puerto importador de sal de las minas de Cheshire, y servía como almacén de una gran parte de la reserva mundial de sal en el siglo XIX.
  • Salzburgo (Salz=sal, burg=castillo o fortaleza)
  • El propio Timbuktú, como hemos comentado antes.
  • Las minas de Sal de Cardona (Barcelona) son las únicas minas de sal en España en la actualidad, y eran desde el neolítico una fuente de riqueza. Gracias a estas minas, los Señores de Cardona, primero Condes y luego incluso Duques, se convirtieron en una de las familias más ricas de España, y eran conocidos como los “Señores de la Sal”.

Así mismo, el control y el comercio de la sal era fuente de muchas guerras, como las guerras de sal de El Paso en Texas, la guerra de Ferrara o la guerra entre Venecia y Génova. También durante el movimiento independentista indio, Gandhi organizó manifestaciones contra el impuesto inglés de la sal.

Muchas ciudades, estados y ducados imponían grandes impuestos al comercio de la sal que atravesaba su territorio. Esto llevo a la formación de ciudades, como la de Múnich en 1158, cuando el duque de Bavaria, Henry el León, decidió que el obispo de Freising no “necesitaba más” los ingresos que conseguía mediante el impuesto sobre la sal.

En resumen, históricamente…

  • En la mayoría de las culturas antiguas sólo los gobiernos podían producirla, ya que era una forma de controlar a la población.
  • Era muy importante como mercancía, divisa o forma de pago.
  • Se utilizaba fundamentalmente para conservar la carne (en salazón), para consumo humano y como antiséptico.
  • Se equiparaba al oro, cuando se usaba como moneda.

La sal es imprescindible para la vida

Cualquier buen ganadero sabe que sus animales necesitan sal, y por ello lo primero que hacen es ponerles un bloque de sal para proporcionarles toda la sal que necesitan. Fijaros que el ganado come sal sin restricciones, y no por ello sufren enfermedades, sino que los ganaderos lo hacen justo con el objetivo contrario: mantener a sus animales sanos. ¡Enseguida entenderéis por qué!

La sal es un nutriente esencial

Ya que posibilita muchas funciones que son esenciales para la vida. Entre ellas, destacaría las siguientes:

  • Permite la transmisión de impulsos eléctricos en los nervios.
  • El agua no se podría transportar en el cuerpo ni retener en los distintos tejidos o dentro de las células sin sal.
  • No podríamos fabricar los ácidos del estómago sin sal, que usamos para digerir correctamente la comida.
  • Permite que absorbamos las partículas de comida en el tracto intestinal.
  • La sal es antibacterial, antiinflamatoria, permite soltar el exceso de mocos y acelera la limpieza de éstos, elimina virus en el aire y disminuye los niveles de inmunoglobulina E, que es un anticuerpo que combate objetos extraños, y que en exceso produce hipersensibilidad del sistema inmune.
  • Ayuda a limpiar nuestros pulmones.
  • Ayuda a equilibrar los niveles de azúcar en sangre.
  • Necesitamos sal para hacer que la estructura de los huesos sea fuerte.

Sal, estómago y digestión

Este apartado es extremadamente importante. Gracias al cloro que obtenemos mediante la sal, nuestro cuerpo produce ácido clorhídico. Como bien explica el doctor Joel Wallach, cuando el pH del estómago es lo suficientemente ácido, el estómago tiene un ambiente estéril y no crece en él ningún microorganismo. Cuando el pH no es lo suficientemente ácido, en el estómago empiezan a crecer hongos, que digieren hidratos de carbono y crean gases que son los que dan la sensación de presión en el estómago, además de causar reflujos al impulsar el ácido del estómago hacia el esófago. Pero a diferencia de la creencia popular, éstos no provienen de exceso de acidez, sino de falta de suficiente ácido clorhídrico en el estómago que prevenga la proliferación de hongos en las paredes del estómago.

Además, cuando el pH del estómago no es lo suficientemente ácido, por encima de 2 o 2.5, somos incapaces de absorber correctamente los minerales y la vitamina B12. Las dietas restrictivas en sal conllevan que muchas personas sufran deficiencias en minerales muy importantes para nuestra salud, como el calcio, magnesio, zinc, cobre o potasio.

Falta de sal y enfermedades en el sistema digestivo

Si no tenemos suficiente sal, no podremos tener un estómago lo suficiente ácido como para poder digerir correctamente las proteínas. Esto conlleva que se produzcan grandes pedazos de proteínas mal digeridas (polipéptidos), ante los que el cuerpo se defiende con intolerancias que provocan todo tipo de enfermedades, como intolerancias al gluten, inflamación, diverticulitis, úlceras, colitis y enfermedad de Crohn. Estas enfermedades siempre han sido mal entendidas a nivel médico, ya que la medicina alopática se centra en contrarrestar los síntomas, y no en entender y tratar las causas de las enfermedades. La causa de todas estas enfermedades es una malabsorción de nutrientes, debida a la falta de acidez en el estómago que permita trabajar a las pepsinas. Las pepsinas son unas enzimas digestivas que hidrolizan las proteínas en el estómago, y sin las cuales no podemos digerir completamente las proteínas y transformarlas en sus aminoácidos más esenciales.

Sal y olas de calor

En 1995 hubo una ola de calor muy grande en Chicago, en la que murieron 750 personas y miles padecieron golpes de calor. De esas 750 personas que murieron, todas ellas eran personas mayores que estaban siguiendo por descripción médica una dieta baja en sal.

De hecho, lo primero que se hace con una persona que ha sufrido un golpe de calor es inyectarle suero salino (sal). Lo mismo ocurre cuando tenemos deshidratación. Para retener agua el cuerpo necesita sal, por lo que es muy recomendable que añadáis una pizca de sal al agua que vais a beber. Esto es especialmente importante en verano, donde perdemos más sales al sudar, y nuestro cuerpo tiene más problemas para retener el agua que bebemos. Esa pizca de sal nos proporcionará suficientes electrolitos y aumentará nuestros niveles de energía.

Falta de sal y deshidratación

Una gran parte de la población sufre de deshidratación crónica, debido a no tomar agua de suficiente calidad y en suficientes cantidades, y a la falta de sal que permita retener esta agua en el organismo.  Es bastante habitual que muchas personas eviten beber agua, estando fuera de casa, ya que sienten que en cuanto beben un poco, tienen la necesidad de ir al baño a orinar. Curiosamente esto es muy habitual con el agua mineral, debido a su bajo contenido en sales, lo que nos impide almacenar esa agua en el cuerpo. Una solución fácil es incrementar el consumo de sal, o añadir un poco de sal al agua, para facilitar su asimilación en el cuerpo.

“Your body many cries for water”

En su libro “Your body many cries for water”, el prestigioso doctor F. Batmangelidj explica como muchas de las enfermedades crónicas más frecuentes hoy en día, como dolores de espalda, dolores de cabeza, depresión, presión arterial alta, asma o diabetes, están producidas por falta de agua en el organismo (deshidratación crónica). Como cuenta en su libro, en la actualidad tratamos los síntomas de la deshidratación con medicinas, en vez de beber agua… Además, destaca que todas las culturas antiguas siempre han considerado la sal como una medicina.

Algunas de las propiedades “secretas” de la sal que cita el doctor Batmangelidj son:

  • La sal es un potente antihistamínico natural. Una pizca de sal en la lengua, después de beber uno o dos vasos de agua, puede ayudarte a aliviar el asma.
  • La sal es una poderosa sustancia antiestrés en el cuerpo.
  • La sal es vital para quitar la acidez del interior de las células, especialmente en el cerebro. En su opinión, una dieta libre de sal o estar tomando mucho tiempo diuréticos, produce que suframos Alzheimer.
  • Necesitamos sal para que los riñones puedan eliminar el exceso de acidez y transportarla a la orina.
  • La sal es esencial en el tratamiento de enfermedades emocionales y afectivas. El litio se utiliza como substituto a la sal en el tratamiento de la depresión.
  • La sal es fundamental para preservar los niveles de serotonina y melatonina en el cerebro.
  • En su opinión, la sal es fundamental en la prevención y tratamiento del cáncer, ya que cuando el cuerpo está bien hidratado hay una mayor circulación sanguínea, y como consecuencia, mucha más cantidad de oxígeno y glóbulos blancos alcanzan el tejido cancerígeno y lo destruyen.
  • La sal es impescindible para mantener el tono y la fuerza muscular.
  • En algunas personas que sufren incontinencia urinaria, ésta puede estar producida por un consumo bajo de sal.

¿Son todas las sales iguales?

El problema no es que la sal sea mala, sino que la mayoría de la población consume un tipo de sal refinado o sal de mesa, que tiene numerosos aditivos muy peligrosos para nuestra salud, en vez de sal marina no refinada, que tiene muchísimas propiedades beneficiosas para nosotros.

Sal refinada

La sal refinada a menudo contiene:

  • Agentes antiaglomerantes, algunos de los cuales son ricos en aluminio, que produce toxicidad a este metal y aumenta el riesgo de padecer Alzheimer.
  • Aditivos como la dextrosa (un tipo de azúcar) en la sal yodada para evitar que se ponga morada que es su color natural.
  • Silico aluminatos de sodio, que es un compuesto muy importante a nivel industrial, pero que no deberíamos ingerir ya que se relaciona con problemas de riñón y malabsorción de minerales.
  • Acetato sódico, que se relaciona con aumento de la presión arterial, alteraciones de la función renal y retención de líquidos.

La sal refinada se usa para procesos químicos industriales, y para ello es refinada y se le retiran el resto de minerales y oligoelementos (más de 60 normalmente). Pero esta sal no está presente en la naturaleza, y no tiene ni los oligoelementos ni los minerales que el cuerpo necesita para funcionar correctamente.

Asimismo, el proceso de refinado:

  1. Cambia la estructura química de la sal debido a que es calentada a altas temperaturas.
  2. Se limpia y blanquea químicamente. Para ello se utilizan anti aglomerantes que evitan que la sal se mezcle con el agua en el contenedor donde se realiza este proceso. Estos aglutinantes funcionan igual dentro del cuerpo humano, evitando que la sal se disuelva y se mezcle con los fluidos corporales, por lo que está se acumula en el cuerpo y crea depósitos en distintos órganos y tejidos que producen graves problemas de salud.
  3. Endurece y altera el sodio, por lo que permanece en el cuerpo una vez ha hecho su función, y hace que las articulaciones se inflamen y produce problemas renales.

Nuestra recomendación

La sal del Himalaya procede de las montañas de Pakistán y tiene un característico tono rosado.

Elegir siempre una sal marina sin refinar de la mejor calidad que podáis encontrar. Personalmente llevo muchos años usando prácticamente sólo sal del Himalaya, ya que aporta muchísimos minerales imprescindibles para nuestra salud y da un sabor espectacular a las comidas. Por ello es la única que vendemos en nuestro centro y que recomiendo a todos nuestros clientes.

Aunque es preferible una sal de mar a una sal que provenga de una mina, la sal del Himalaya en su origen es sal marina, y no tiene los contaminantes como mercurio, otros metales pesados o plásticos que, por desgracia, hoy están presentes en muchas sales marinas sin refinar.

Otra sal de origen terrestre que me gusta mucho por su sabor y calidad es la sal Zafiro Azul de Persia, muy usada en alta cocina ya que da un sabor muy especial a las comidas, aunque no es nada fácil de encontrar y tiene un precio muy elevado.

Por otro lado, si optáis por una sal marina sin refinar, las mejores opciones por calidad, alto contenido en minerales y menor concentración de contaminantes actualmente son la sal de Hawái, la sal Celta y la de Nueva Zelanda.

Es destacable que algunos de los mejores doctores a nivel mundial, en la actualidad, no recomiendan limitar el consumo de sal o de grasas saturadas. Es más, nuevos estudios sugieren que las dietas bajas en sal en realidad incrementan notablemente tu riesgo de morir de un ataque al corazón.

Además, se ha comprobado en recientes investigaciones sobre sal y sueño, que los sujetos que limitaban su consumo de sal, tenían un sueño más irregular y descansaban peor. Una razón más para no limitar el consumo de este regalo de la naturaleza que es la sal, tal y cómo la naturaleza ha hecho que llegue hasta nosotros: ¡sin refinar!

3 comentarios en “Sin sal no existiría la vida”

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